Y ahí estoy yo.
Después de pasar un finde mercantil (he comprado lo justo), hay cosas que me han dejado sorprendida.
En las estanterías han vuelto a aparecer los juguetes de antaño, mezclados con los de la nueva era.
Es curioso encontrar el monopoly o el bingo que mis padres me regalaron cuándo era niña, al lado de las tablet infantiles o de las bratz.
Mi sobrino (el mayor) qué ya conoce la verdad sobre Noël y los Reyes Magos, convirtiendose a su vez en nuestro complice, alucinaba.
Ahí nos teneis a mi hermana y a mí como niñas chicas, locas de contento por encontrar vestigios del pasado y el niño preguntando: ¿Pero es qué también éste lo teníais? ¡ No es justo!, yo sólo puedo pedir dos juguetes y mira cuántos teníais vosotras.
Otra cosa de las que me di cuenta, es que los remakes no siempre son mejor.
Las nuevas barriguitas y la Nancy son mucho más feas que las de mi época. También se nota la integración racial.
Mi primera barriguita negra fue un shock para mí. Me costó dios y ayuda apreciar el juguete. Ahora abundan los muñecos de otras razas, de lo cuál me alegro. La palabra es integración y pienso que de este modo los más pequeños aprenden a aceptar a los demás desde sus inicios como personas.
Formados en la igualdad y la integración quizá un día seamos capaces de terminar con la xenofobia y el racismo.
Me lo he pasado como los indios.






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